Córdoba CF - UCAM Murcia (1-1) en El Arcángel | TONI BLANCO
Córdoba CF – UCAM Murcia (1-1) en El Arcángel | TONI BLANCO

Sale el sol. Un domingo cualquiera, el día vuelve a ser brillante e incluso recuerdo ligeramente la sensación del calor natural. Es enero y entran bien los grados de más de temperatura. Aun así la hora no es la más adecuada. Quizá fuera eso. O simplemente se tratara de que acudir a El Arcángel comienza a ser cada vez más un acto de fe que otra cosa. Lo cierto es que ante una cita trascendente, el estadio reflejó una entrada poco acorde. Es normal, por otro lado, dada la escasez de alegrías como local del Córdoba. Sea como fuere, el conjunto blanquiverde se enfrentaba esta vez a un partido de los llamados clave. El descenso acechaba y el apoyo no faltó. Minutos antes de las cuatro de la tarde, todo estaba preparado. Aunque el balón no podía rodar en esta ocasión sin lanzar la mirada atrás, sin rememorar cada sonrisa, cada gesto de afecto, cada brinco -más pequeño conforme se sucedían los años, es lógico- del que fue y será una de las más grandes figuras de este club. Tocaba retornar un momento al pasado para no olvidar la identidad. Por mucho que esa palabra no gustara mucho los últimos años a orillas del Guadalquivir.

Después de que la afición entonara la letra de Manuel Ruiz Queco, el himno que a casi todos une y hace vibrar, la megafonía lo advirtió. “Se guardará un minuto de silencio en memoria de Francisco Calzado Ferrer”. En el vídeo marcador apareció su imagen, la de ese señor entrañable que jamás tenía una mala palabra para nadie y que, eso será indudable hasta el final de los días, amó al Córdoba más allá de los límites que concibe la lógica. Era de justicia que Litri regresara por unos instantes, aunque sólo fuera eso, unos instantes, a su hogar. Tres años se cumplieron días atrás, el pasado martes, de su último viaje. Motivo por el cual el club quiso tener una iniciativa más que plausible. Ahora falta el merecido homenaje póstumo y la creación de un museo con todo el material que, con tanto ahínco y más cariño, recopiló durante décadas y colocó en el antepalco de El Arcángel. Aunque no es éste momento de reproches sino de felicitación. La que se debe dar todo el cordobesismo a sí mismo por honrar como era debido la memoria del que es uno de los más insignes miembros de su familia.

Córdoba CF - UCAM Murcia (1-1) en El Arcángel | MADERO CUBERO
Córdoba CF – UCAM Murcia (1-1) en El Arcángel | MADERO CUBERO

El estadio en su totalidad guardó silencio. Y él seguía presente. Más que nunca en lo físico pero igual que siempre en lo inmaterial, en el corazón de cada seguidor. Al menos del que convivió junto a él, del que sin conocerle vio que siempre andaba ahí o del que llegó tarde pero supo aprenderse los principales capítulos del temario. Se hizo el silencio. Sepulcral. Mientras Litri sonreía desde el vídeo marcador. Como siempre incluso después de haber dejado miles de huérfanos. Fue sin duda lo más destacado de la soleada tarde en El Arcángel. Porque después el cielo perdió color. Mantuvo su azul y sin embargo se tornó negro en el ánimo de quienes ocupaban la grada. Tanto como de los que sobre el césped no lograban dar por terminada una historia que ya se hace pesada. O como aquellos que observaban desde el banquillo.

La sensación al comienzo era medianamente positiva. El Córdoba consiguió cobrarse ventaja en el marcador apenas iniciado el encuentro con el UCAM. Sin embargo, esta vez el ambiente en El Arcángel era más frío de lo acostumbrado. Como un reflejo de lo que fueron los días anteriores en su temperatura. La del estadio apenas subió en algún que otro instante, en alguna que otra llegada en ataque. Pero fue poco y rápido el termómetro volvió a mostrar pocos grados. Al menos el equipo vencía. Lo hacía en casa, donde la victoria es objeto de deseo desde septiembre, y ante un rival convertido en directo al que se golpeaba. Después habría de venir el trago amargo, los minutos en los que el sol se escondió poco a poco para el cordobesismo. Los blanquiverdes cedieron terreno y al final, sucedió lo que quizá muchos veían venir. El adversario igualó, con un gol en propia puerta, como si no bastara con el empate, y comenzó el complicado desenlace. Silbidos, cánticos en contra y la sospecha de un sufrimiento inesperado en el futuro próximo. De repente, una tarde abierta se cerró y la afición pasó del grato recuerdo al incierto mañana.

No hay comentarios aún

  • Hola, guest