El selfie de Alejandro Tous.
El selfie de Alejandro Tous.

La popularidad le asaltó de manera abrumadora en 2006. Entonces Telecinco estrenó en su horario de sobremesa Yo soy Bea, una serie que le concedió la fama y alguna que otra cosa de mayor importancia. Lo cierto es que su actividad en el panorama de la interpretación comenzó años antes, y que desde entonces nunca cesó. Curtido en producciones televisivas, en cine y sobre las tablas del teatro, Alejandro García Tous (Alicante, 1976) demuestra atreverse con todo tras su incursión en el género musical. El actor levantino da vida a Clifford Bradshaw -coprotagoniza por tanto- en el mítico e imperecedero Cabaret, que en su gira conmemorativa por el 50 aniversario de su estreno en Broadway hace parada estos días en Córdoba.

Profesional inquieto y cuidadoso, Alejandro Tous -que así es como se le conoce en el mundo artístico- vive una etapa diferente. Un período del que trata de extraer todo lo posible. Tanto que no ve al personaje que representa como tal sino como él mismo. El sentimiento siempre es necesario cuando uno tiene el oficio de transmitirlo, y de eso sabe. Porque Cabaret es un compendio emocional de tan gran magnitud que incluso el actor alicantino confiesa el impacto en su propia carne. Hasta el domingo 5 de febrero el espectador puede compartir esa experiencia en un viaje al Berlín de los treinta del siglo XX que es tan divertido como estremecedor.

PREGUNTA. De repente un musical, y no uno cualquiera. ¿Supone Cabaret un reto mayor para ti?

RESPUESTA. Para mí, más que un reto mayor es una satisfacción absoluta poder entrar en un espectáculo con tantísima calidad, tantos artistas de nivel y un libreto como éste, que es una maravilla.

P. Sobre las tablas se te ve cómodo, ¿quizá sea este el inicio de una etapa dentro del género?

R. Sí, es verdad. Estoy cómodo porque como he hecho tanto teatro, para mí sigue siendo una obra teatral. Luego está la parte del baile y de las canciones. No me importaría hacer más musicales.

P. Por cierto, entraste a formar parte del elenco de Cabaret tras un casting. ¿Cómo te surgió la inquietud por el musical?

R. Un compañero en clase de canto, porque los actores siempre vamos formándonos, me dijo que estaban haciendo las pruebas para Cabaret. Conocía ya el musical, por supuesto, y me apeteció muchísimo. Y aquí estoy.

P. Puede parecer sencillo, pero Clifford Bradshaw es un personaje complejo. ¿Cómo convives con tu otro yo en esta gira?

R. Tienes toda la razón. Es un personaje muy complicado, está lleno de conflictos. A la hora de interpretarlo tienes cosas que trabajar todo el tiempo en escena. Me dejo llevar por sus sentimientos y sus momentos.

P. Uno siempre tiene la duda en todos los casos. En el tuyo, ¿Alejandro Tous comparte algo con su personaje?

R. Más que compartir es que se lo doy todo. Yo le presto mi línea de pensamiento y mis emociones. Él me da sus circunstancias, su vida interior, y yo le doy todo lo demás. Siempre digo que el personaje no existe, que uno es lo que hace. Tiene todo de mí y yo tengo todo de él. Lo compartimos todo y nada.

P. Cabaret es una explosión emocional, un viaje entre la luz y las sombras. ¿Conlleva una mayor dificultad ese camino entre la comedia y el drama?

R. Creo que ayuda mucho y se complementa también. Es eso de que con un poco de azúcar la píldora entra mejor. Sin decirle tampoco a nadie cómo debe actuar. Es un poco como la vida: en medio de una tragedia puede haber un poco de risa. Sí es cierto que hay que tener cuidado a la hora de montarlo, y en los ensayos te paras a pensar que esto no puede hacer gracia dentro de la historia. Te vas ajustando y como cada personaje tiene su propio carácter es más sencillo.

P. En esa línea, después de la diversión llega un final un tanto desesperanzador. En ese cúmulo de sensaciones, ¿cuál crees que debería tener tras la obra el espectador?

R. Creo que cada persona es un mundo. Hay gente que ve la obra y se queda muy afectada por el tema de los judíos. Hay gente que se queda afectada por la historia de amor entre Fräulein Schneider y Herr Schultz, y otra con la gente que quiere perseguir su sueño. Como el escritor que busca su historia. A cada uno le da una cosa distinta y en general todo el mundo sale emocionado, después de haber disfrutado de una montaña rusa.

P. En un momento, la esvástica aparece con fuerza en el escenario. ¿Qué sensación produce adentrarse en un tiempo tan oscuro?

R. Da mucho miedo. Es un momento tan espectacular que te sobrecoge. Te quedas que no sabes si tienes que aplaudir, guardar silencio… Te quedas que te pasan cosas por dentro. Y mi personaje, con la relación que tiene con Ernst (Ludwig)… A mí muchas veces se me pone la piel de gallina.

P. La diferencia entre aquella realidad y la actual es abismal, pero tampoco anda hoy el asunto muy allá. ¿Es necesario un Kit Kat Klub en nuestros días?

R. Salvando las distancias, sí. Al final termina pasando, parece que no aprendemos. No estoy comparando a nadie con nadie, pero Hitler no llegó ahí de repente. A Hitler lo pusieron en el poder los alemanes. Es una parte importante de la Historia, el no olvidar y pensar a quién se le da el poder, porque luego te puede salir rana.

P. Quizá por todo eso se puede afirmar que Cabaret es arte que invita a la reflexión.

R. Sí, y por eso se ha convertido en un clásico. Cincuenta años sigue teniendo sentido y eso lo convierte en arte. Va más allá, es una pieza atemporal. Se representó hace cincuenta años y se podrá representar dentro de ciento cincuenta. Siempre va a funcionar, porque siempre va a provocar algo en el espectador.

P. En Estados Unidos le espera un proyecto, si no me equivoco. ¿Qué viene después de Cabaret?

R. Con Cabaret tenemos para largo, por lo que sigo implicado cada día en el musical. Pero sí es verdad que inicié un proyecto muy bonito, en nueva plataforma, en Estados Unidos y tengo ilusión con que siga adelante.

P. Han pasado años de la emisión de Yo soy Bea, ¿te ve el público tras tantos nuevos registros más allá de Álvaro Aguilar?

R. Vas trabajando y la gente va viendo que haces otras cosas. Pero cuando me muera seguiré siendo don Álvaro, eso no me lo va a quitar nadie nunca. Poder estar en la memoria colectiva de todo un país por un papel no pasa casi nunca y estoy orgulloso. La gente se sorprende de verte en un sitio o en otro y algunas veces te recuerdan a don Álvaro, pero yo sigo trabajando y no me molesta.

P. Estaréis en Córdoba muchos días, ¿qué te atrae para tu tiempo de descanso?

R. Me gustaría comer, porque se come muy bien. (Ríe). Y dar un paseíto por esos lugares tan bonitos y esas calles que te lleven a otra época. Las giras tienen esa cosa de que te permiten conocer toda España, viajar a muchas ciudades y son lugares preciosos. Te permiten conocer monumentos maravillosos.

P. Para cerrar, una duda existencial. ¿Puede ser divina la vida?

R. Para mí lo es. El hecho de estar vivos es un milagro de la naturaleza y tenemos que aprovecharlo. Vida sólo hay una y hay que vivirla siendo consecuentes con lo que hacemos, y creo que con amor, no sólo por una persona sino por lo que haces, por ti mismo, por todo, se hace divina.

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