Nuestra Señora Reina de los Ángeles, en el convento del Císter. | TONI BLANCO
Nuestra Señora Reina de los Ángeles, en el convento del Císter. | TONI BLANCO

El día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María será siempre una fecha especial para la hermandad de la Sangre o el Císter, como aún la llaman muchos. Y es que fue en ese convento de la calle Carbonell y Morand y en la fiesta de la Purísima cuando se fundó la cofradía que ahora reside en Capuchinos.

Este jueves se han cumplido cuarenta años de aquella fundación que se hizo efectiva con la bendición de la Reina de los Ángeles que actualmente es titular de gloria de la hermandad pero que en ese momento, en el año 1976, se bendijo como Dolorosa.

Con tal motivo, la corporación del Martes Santo quiso llevar este jueves a la que fue su primitiva casa a Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Dolorosos para celebrar allí los cuarenta años de vida con una función solemne que se inició a las once de la mañana y que estuvo presidida por el director espiritual de la hermandad, el capuchino fray Pedro Enrique Rivera.

El reencuentro con las monjas del convento fue muy especial para las religiosas y la cofradía, que permitió a sus hermanos y devotos de la Virgen volverla a ver en el que fue su lugar de residencia veinte años después de abandonarlo para trasladarse a su nueva sede canónica. Y es que la Virgen no entró en este tiempo al Císter con ningún motivo extraordinario hasta este jueves. Por eso era un día de alegría para muchos.

Nuestra Señora Reina de los Ángeles, en el convento del Císter. | TONI BLANCO
Nuestra Señora Reina de los Ángeles, en el convento del Císter. | TONI BLANCO

Las primeras, las monjas. Según explicó a EL CIRINEO la hermana Regina, la más joven de las pocas religiosas que habitan aún el monasterio de la Inmaculada Concepción, “todas estamos muy contentas”. Aunque ella es extranjera y no ha conocido a la cofradía en el convento, por lo que le cuentan las mayores que sí vivieron con la hermandad supone para ella “un consuelo que vuelva la Virgen” aunque sea solo unos días, pues estará allí hasta el domingo 11 de diciembre.

La Virgen llegaba este jueves muy temprano al Císter, tras salir de Capuchinos a las ocho de la mañana sobre parihuelas vestida con saya azul bordada y manto azul liso. Tras la función principal cerraron las puertas del monasterio y se volvieron a abrir a las cuatro y media para el besamanos y el rezo de Vísperas a las seis de la tarde llevando ya la Virgen el manto de salida del Martes Santo y estando escoltada por rosas blancas.

Para la hermandad también fue “muy especial” el reencuentro, según explicó el hermano mayor de la cofradía, Carlos Olivares. “Es una oportunidad importante para verla allí de nuevo y para nosotros era especial que pudiera estar con las monjas de nuevo”.

Nuestra Señora Reina de los Ángeles, en el convento del Císter. | TONI BLANCO
Nuestra Señora Reina de los Ángeles, en el convento del Císter. | TONI BLANCO

También para los fundadores de la cofradía que eligieron ese lugar para establecerla. Uno de ellos, Fernando Morillo-Velarde, recuerda la fundación y los primeros momentos de la hermandad con cariño. “Pensamos en establecer la hermandad en el Císter por proximidad a donde empezó todo”, en la plaza del Cardenal Toledo. Allí tuvo lugar el germen de la hermandad en una Cruz de Mayo que organizó un grupo de amigos, de ahí que la Santa Cruz sea titular también de la cofradía. A través de un hermano claretiano de San Pablo conocieron a fray Ricardo de Córdoba, que fue quien les puso en contacto con Antonio Eslava para adquirir a la primera titular que tuvieron. Así se le empezó a dar forma a la cofradía.

El Señor de la Sangre llegó en 1978 y en 1980 la Reina de los Ángeles en sus Misterios Dolorosos. Pocos años después sería también día de fiesta el 8 de diciembre de nuevo, pues para celebrar el décimo aniversario de la hermandad, en 1986 salió por primera vez la Virgen con San Juan bajo el primer palio que tuvo, de Joaquín Ojeda, según cuenta Fernando Morillo-Velarde. Este jueves por tanto, se cumplieron también 30 años de esa procesión, que sirvió además para que viniera a Córdoba por vez primera la banda música del Maestro Tejera de Sevilla.

Esos fueron los inicios, que comenzaron con “una semilla pequeña que se fue haciendo cada vez más grande”, explica Fernando Morillo-Velarde, para quien la vuelta por unos días de la Reina de los Ángeles al Císter es “muy emotiva”. Estos regresos “son muy intensos, te acuerdas de muchos momentos pasados allí, yo tenía 16 años y he pasado media vida allí y me trae muy gratos recuerdos como a todos lo que fueron fundadores”. Y es que de nuevo han visto a su Virgen en la que fue su casa en origen, la Reina de los Ángeles volvió a ser el día de la Inmaculada, más que nunca, la Reina del Císter.

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